¿Por qué el cerebro prefiere los libros de papel?

Argentina, 21 de Octubre 2015 
Nota: naxio.com

En la época de la hiperconectividad, en donde cada vez existen más equipos, dispositivos y bibliotecas enteras a nuestra disposición en formato electrónico, muchos siguen prefiriendo el papel. 



El libro tradicional, la revista, el diario, siguen siendo favoritos. ¿Cómo explicar esta paradoja?

Se han realizado muchos trabajos para poder explicar esta paradoja, cuyos resultados han demostrado que, al leer en pantalla, se hace con mayor lentitud y se recuerda menos, ya que el cerebro pide el papel inconscientemente.

Si bien el ser humano no ha nacido con circuitos cerebrales dedicados a la lectura, durante la niñez, el cerebro improvisa nuevos circuitos para leer y para ello usa parte de otros dedicados al habla, a cuya habilidad se le suma la coordinación motora y la visión.

El cerebro comienza a reconocer las letras en base a líneas curvas y espacios y utiliza procesos táctiles que requieren los ojos y las manos. Los circuitos de lectura de los niños de 5 años muestran actividad cuando practican la escritura a mano, pero no cuando se escriben las letras en un teclado.

Más allá de tratar a las letras individuales como objetos físicos, el cerebro humano puede percibir un texto en su totalidad como una especie de paisaje físico. Al leer se construye una representación mental del texto, similar a un mapa mental.

Por otro lado, los libros de papel tienen una topografía más evidente que el texto en pantalla. Un libro de papel abierto presenta dos dominios claramente definidos: páginas de izquierda y derecha y un total de ocho esquinas en las que uno se orienta. Al pasar las páginas de un libro de papel se realiza una actividad similar a dejar una huella tras otra por un sendero, hay un ritmo y un registro visible del transcurrir de las hojas. Todas estas características es lo que permite formar un mapa mental, coherente, del texto.

Por el contrario, los dispositivos digitales interfieren con la navegación intuitiva de un texto y, por más que los libros electrónicos imiten el modelo de páginas, estas son efímeras. Una vez leídas, esas páginas se desvanecen, y muchas veces se tiende a perder dentro de la lectura (en que parte del libro se encuentra).

Por otro lado, el desplazamiento vertical puede no ser la forma ideal de navegar un texto tan largo y denso como en los libros de muchas páginas.

Según las diversas investigaciones, la lectura en pantallas puede reducir y empeorar la comprensión, ya que es mentalmente más exigente e incluso físicamente más cansadora que la lectura en papel. La tinta de un libro de papel refleja la luz ambiental, pero las pantallas de ordenadores, teléfonos inteligentes y tabletas hacen brillar la luz directamente en los rostros de las personas y la lectura puede causar fatiga visual, dolores de cabeza y visión borrosa.

Las investigaciones más recientes sugieren que la sustitución del papel por pantallas a una edad temprana tiene desventajas, ya que los niños desviaban su atención y pierden el hilo narrativo.

El resultado de una encuesta hecha a 1.226 padres arrojo que la mayoría de los niños preferían libros impresos sobre los libros electrónicos, ya que al leer los libros de papel, los niños podían relatar la historia de nuevo a sus padres, pero al leer un libro electrónico (con efectos de sonido), los padres tuvieron que interrumpir su lectura para pedir al niño que dejara de jugar con los botones y recuperara la concentración en la narración. Tales distracciones finalmente impidieron comprender incluso la esencia de las historias.

Por otro lado, muchas personas aseguran que cuando realmente quieren concentrarse en un texto, lo leen en papel. De hecho, muchos alumnos universitarios aseguran que, luego de encontrar por Internet un texto útil para su estudio, lo imprimen para una lectura más a fondo.



Encuestas e informes sobre los consumidores sugieren que los aspectos sensoriales de la lectura en papel importan a la gente más de lo que cabría suponer: la sensación de papel y tinta; la opción de suavizar o doblar una página con los dedos, el sonido distintivo de pasar una página, la posibilidad de subrayar, de detenerse y tomar nota, hacen que se elija más el papel. Tal es así que para compensar este déficit sensorial, muchos diseñadores digitales tratan de hacer que la experiencia de los lectores electrónicos esté tan cerca de la lectura en formato de papel como sea posible.

Tal vez, con el paso del tiempo, los Millennials (la nueva generación de nativos digitales) cree otras redes neuronales que les permitan preferir lo electrónico al papel, pero mientras tanto, hoy el resto de la población sigue prefiriendo el contacto con las históricas hojas.


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