BOMBEROS SAN RAFAEL 2015

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Una campesina chilena en la RAF

Margot Duhalde tiene el logro de ser la primera mujer de Chile en convertirse en piloto de Guerra y una de las primeras de latino-américa, volando así en los fríos cielos de Europa durante la Segunda Guerra Mundial . 

 Nacida en la localidad de Río Bueno en el sur de Chile el 12 de Diciembre de 1920 en una familia netamente de campo, cuando tenía 16 años mintió sobre su edad (Y ocultó su ligero astigmatismo ocular) para ingresar al Club aéreo de Chile en donde realizó un curso de piloto civil el cual completó en 1938 poco antes de cumplir 18 años. 

En 1940 ya terminada la Batalla de Francia y la ocupación alemana de este país, Margot toma la decisión de unirse a las fuerzas de la Francia Libre del General de Gaulle radicada en Londres, para lo cual miente a sus padres diciéndoles que se iría a Canadá a trabajar como instructora. Con tan solo 20 años, 50 horas de vuelo en su expediente y una motivación inquebrantable se embarca a Londres desde Buenos Aires, sin embargo su estadía no fue fácil desde un principio. 





La barrera del idioma, el predominante machismo de la época y las diferencias culturales hicieron que terminara trabajando en un comienzo como enfermera y asistente de mecánicos en la Fuerza aérea Francesa sin poder volar. Para fortuna de ella, en Londres se encuentra con un piloto francés que había conocido en Chile, el que la ayuda a entrar en la RAF (Royal Air Force) como miembro de la división de "Transporte Auxiliar Aéreo " (ATA), junto con otras 600 mujeres de distintas nacionalidades. 

Teniente RAF Margot Duhalde
Al ser la única persona de este país fue apodada literalmente "Chile" por sus compañeros y su misión como "Piloto de transporte" era la de trasladar aviones a través de los múltiples aeródromos ingleses con el objetivo de protegerlos de posibles ataques de la Luftwaffe. Según ella cuenta, pilotó cerca de 1.500 veces aviones de todo tipo desde cazas de combate, bombarderos, aviones de transporte y de entrenamiento, sufriendo muchas veces las inclemencias del clima británico y teniendo múltiples accidentes de los que afortunadamente salió prácticamente ilesa. 

Hoy en día Margot Duhalde tiene 97 años y por sus logros recibió la insignia de veteranos del Gobierno británico, el título de Coronel de aviación honorario en la fuerza aérea de Chile y la Orden de la Legión de Honor de Fancia.

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El día que Argentina invadió California de Norte América…

24 de Marzo de 2013
Nota Varios y R.J.A.

Mucho es sabido por hispano-parlantes del proceso de independencia de América Latina, que abarcó desde la Península de California  hasta el Río de la Plata. Pero pocos es sabido el episodio que ocurrió en el lugar antes dicho, California. 

Ocurrió entre el 24 y el 29 de noviembre de 1818, cuando el capitán Hipólito Bouchard tomó la pequeña fortaleza de Monterey, entre las entonces jóvenes ciudades de San Francisco y Los Angeles, en lo que aún era territorio de la corona española, en guerra contra las Provincias Unidas del Río de la Plata. 

Para 1818 las costas de California fue sorprendida por una flota de bandera Argentina, compuesta por franceses, ingleses, malayos y hawaianos, comandada por Hipólito Bouchard, militar y corsario de origen francés, casi desconocido para todos, pero su sueño independentista se hizo notar en todo el mundo. Historia que desconocemos en nuestras aulas, pero ahora con detalle empezamos a narrarla... 


California "en manos argentinas"
Bouchard se reunió con sus oficiales para diseñar el plan de ataque. El oficial Corney ya había estado en dos oportunidades en San Carlos de Monterrey (capital de la Alta California, por aquellos tiempos colonia española), por lo que conocía la profundidad de la bahía. Se determinó utilizar para el ataque la corbeta Santa Rosa o Chacabuco, ya que el gran calado de la fragata La Argentina podía producir que esa embarcación encallase, y se concentró allí la tropa de desembarco. La fragata tuvo que echar al agua varios botes para que la remolcaran lejos del alcance de la artillería española. Una vez remolcada, Bouchard envió hacia la Santa Rosa al capitán Sheppard junto a 200 hombres armados con fusiles y lanzas.

La corbeta Santa Rosa, al mando del oficial Sheppard, ancló a las doce de la noche en las cercanías del fuerte. Debido al cansancio que sufrían los hombres, tras remolcar la fragata y remar hacia la corbeta, Sheppard decidió no atacar de noche. Con la primera luz del día descubrió que había anclado demasiado cerca de la costa, y que a pocos metros se encontraban la artillería española lista para atacarlos. El capitán decidió abrir fuego, pero tras quince minutos de combate la corbeta debió rendirse. Desde la fragata, Bouchard vio cómo sus hombres eran derrotados, pero también observó que los españoles no intentaron apoderarse de la Santa Rosa ya que carecían de embarcaciones. El corsario ordenó levar anclas y moverse en dirección al puerto. Sin embargo, debido al calado de la fragata, no podía acercarse lo suficiente como para abrir fuego. A las nueve de la noche comenzaron las tareas para trasladar a la fragata los sobrevivientes de la corbeta.

En la madrugada del 24 de noviembre, Bouchard ordenó a sus hombres que se pusieran al mando de los botes. En las embarcaciones, se encontraban 200 personas, 130 armados con fusiles y 70 con lanzas. Desembarcaron a una legua del fuerte, en una caleta oculta por las alturas. La resistencia del fuerte fue muy débil, y tras una hora de combate fue enarbolada la bandera argentina en el puerto

Durante seis días los argentinos tomaron la ciudad, en los que se apropiaron del ganado, quemaron el fuerte, el cuartel de los artilleros, la residencia del gobernador y las casas de los españoles junto a sus huertas y jardines. Sólo dejaron las iglesias y viviendas de los nativos que apoyaban la causa libertadora.

 Luego de dejar California, La Argentina recorrió toda la costa occidental de Centroamérica, bloqueando el puerto de San Blas y el de Acapulco en México, y el puerto "El Realejo" en Nicaragua. Dice Pigna "la imagen del crucero La Argentina se transformó en un símbolo de terror para las fuerzas españolas y de lucha contra la tiranía para los patriotas americanos. La casi totalidad de los países de Centroamérica que se irán constituyendo, diseñarán sus banderas basándose en la celeste y blanca creada por Belgrano y exhibida con orgullo a lo alto de las naves de Bouchard."

Luego...
Las hazañas de Bouchard en mares extraños, hizo que San Martín lo reclutara para la campaña hacia el Perú, bastión del poder realista en América. Bouchard se encargaría de hostigar a las naves españolas allanando el camino a San Martín para entrar en Perú.

Vale destacar que Bouchard, a pesar de estar ligado al gobierno argentino por la patente de corso que se le había concedido,  ayudaron a la causa independentista en toda América Latina, pero terminaría sus días como dueño del ingeniero azucarero "La Buena Suerte", cedido a él por el nuevo gobierno peruano, y asesinado el 4 de enero de 1937 por uno de sus peones

Huella en la región
Bouchard dejó una huella en la región, pero que aún se debate cuál. "En los Estados Unidos es considerado un corsario, pero en las zonas aledañas a Monterey es visto como un pirata, sin más. Depende de qué lado de la historia se quiera ver". 

De barba larga, sombrero y vestimenta de pirata de película para chicos es como se lo recuerda, por lo pronto, en el Festival de la Misión de San Juan Capistrano, donde a fines de octubre de cada año se recrea su saqueo de los depósitos de la orden y la borrachera de sus marineros con sus vinos y licores. 


Bouchard dejó, de todos modos, una marca en la historia. Además de varios monolitos y placas en distintos puntos de California, en un muelle de la ciudad de Santa Bárbara flamean las banderas de los países que alguna vez ocuparon California: España, Rusia, México, Estados Unidos... y la Argentina


"Yo fui el que izó esa Bandera Argentina", dice el presidente de la Asociación de Intérpretes de la Corte de California, Carlos Cerecedo. Nacido en El Bolsón y criado en Bariloche, vive en Santa Bárbara, puerto que Bouchard amenazó con volar en pedazos en 1818 si no liberaban a tres de sus hombres.


"Una persona que respetó reglas" 
Bouchard era una persona muy dura con sus tropas, casi brutal, pero que respetó ciertas reglas: "no tocó las misiones, ni las iglesias, y cumplió con su objetivo de hostigar a los españoles en cualquier parte del mundo", dice el historiador aficionado Peter Uhrowczik, quien tuvo el apoyo del presidente de la Academia Nacional de la Historia, Miguel Angel De Marco, y del historiador naval Pablo Arguindeguy para profundizar su investigación. 

El presidente de la Asociación de Intérpretes de la Corte de California, Carlos Cerecedo, también concluyó que Bouchard no era un pirata, ni mucho menos un forajido y decidió limpiar su nombre. "Traduje todos los documentos sobre Bouchard y las bitácoras de su viaje y me presenté en la Justicia con una moción a mediados de 1997 -recuerda-. Y logré que el presidente de la Corte de Santa Barbara [por el juez Thomas R. Adams] ordenara que a partir de entonces, en el condado de Santa Bárbara a Bouchard sólo se lo puede citar como corsario, no pirata." Francés, veterano de las guerras de Napoleón, Bouchard también peleó junto con San Martín en la batalla de San Lorenzo y con Guillermo Brown contra naves y fortalezas españolas sobre las costas de Chile, Perú y Ecuador. Ya ciudadano argentino, el 9 julio de 1817, en el primer aniversario de la independencia, se lanzó como corsario llevando consigo a otros dos marinos que dejarían surco propio: José María Piris y Tomás Espora. Con ellos circunvaló el mundo, con escalas en Madagascar, Filipinas y Hawai. 


Como argentino, me siento orgulloso de que hubo un hombre que supo desafiar a las tres mejores armadas del siglo -inglesa, francesa, española- en nombre de la independencia argentina y liberando la esclavitud en el Mundo. R.J.A.


Fuentes:
1- http://es.wikipedia.org/wiki/Hipólito_Bouchard
2- "Los mitos de la historia argentina 2" de Felipe Pigna. Cap. "Hipolito Bouchard, la argentinidad al palo mayor". Ed. Planeta. 14º edición: enero de 2007.
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Corsarios argentinos en el mundo…

17 de Marzo de 2013
Nota R.J.A.

Antes de empezar, debemos de aclarar el significado del término corsario, a fin de encuadrarlo dentro de un marco más adecuado y explicativo del accionar en esta forma de la guerra de independencia.

La patente de corso era un contrato por el cual un Estado otorgaba a un particular el derecho de atacar, apresar, saquear o destruir todo buque que enarbolara una bandera enemiga, a cambio de permitirle quedarse con una cierta parte del botín obtenido. A veces el Estado emisor de la patente aportaba la nave, o al menos pertrechos, víveres y una parte de la tripulación; el corsario debía cargar con el resto de los gastos. Debía izar, en el momento del ataque, la bandera del estado emisor de la patente.

El corso era considerado entonces una legítima manera de guerrear. Con algo de cinismo, podría decirse que permitía que la iniciativa privada participara en una guerra, asociada a un Estado beligerante.

Una reliquia de estas épocas se encuentra en la Constitución Argentina, Artículo 75, que dispone las competencias del Congreso, donde se expresa: "Conceder patentes de corso y de represalias, y establecer reglamentos para las presas".


Los corsarios, tuvieron un papel importante en la Guerra de Independencia de la Argentina, estaban sometidos a un reglamento que los obligaba a poseer lo que se llamaba Patente de corso, que se otorgaba por un cierto tiempo, generalmente un año. No podían atacar sino naves de la nación en guerra, debían ser humanitarias y respetar a los neutrales, las presas que tomaban debían ser declaradas legítimas por un tribunal de presas, y debían liberar a los negros encontrados en buques negreros enemigos.
 
Los primeros meses luego de la revolución de mayo no fue para nada fácil, sobre todo porque teníamos que enfrentar a la poderosa flota realista, que controlaba el Río de la Plata desde Montevideo (de hecho, Buenos Aires fue bloqueada y bombardeada en 1811). La primera e improvisada armada patria, al mando de Juan Bautista Azopardo, fue destrozada en San Nicolás a principios de ese año y el propio Azopardo paso 10 años en una prisión española.

“Sin una marina  que protegiera a la nueva nación, el gobierno patrio  decidió otorgar patentes de corso”.

Desde 1815 y 1819 la acción corsaria causó grandes perjuicios al comercio de las coronas, apresaron naves,  efectuar tareas de protección a los barcos de guerra y difundieron las ideas de la revolución independentista por el mundo.

El corsario de las Provincias Unidas fue uno de los primeros en obtener grandes éxitos entre los marinos de las colonias insurgentes. En el Caribe actuaban los corsarios de Nueva Granada y de Venezuela; pero los corsarios rioplatenses llegaron pronto al Pacífico, cubrieron el Atlántico, incluso el mar Caribe y poco después de la independencia, con la fragata La Argentina de Hipólito Bouchard, llegaría a todos los mares. Fue el más importante de la lucha contra España y se ejercitó en una zona amplia con gran eficacia.



El corso contra España se inició con carácter fluvial desde 1812, y marítimo desde 1815 en que se decretó la abolición del fluvial. Su mayor intensidad la tuvo entre 1816 y 1819.

Los dos grandes centros de actividades corsarias fueron Buenos Aires y la costa oriental de Estados Unidos, desde donde salían corsarios norteamericanos con patente y bandera de las Provincias Unidas. Hubo en toda la campaña unos 40 corsarios salidos de Buenos Aires y más de 30 norteamericanos. Las presas fueron más de 150, de las cuales 54 llegaron a Buenos Aires.

Entre los más destacados figuran el irlandés Guillermo Brown (el creador de la armada argentina), el norteamericano David Jewitt (quien entre otras acciones destacadas tomó posesión de las Islas Malvinas en nombre del gobierno de Buenos Aires en 1820) y el capitán  Hipólito Bouchard quien comando “La Argentina” en su vuelta al mundo y nos tomará otro capitulo para seguir con él.

Hubo una multitud de corsarios de diferentes nacionalidades que apenas balbuceaban el español y no habían pisado jamás el Río de la Plata, quienes sin embargo, salvo excepciones, se comportaron con honor y valor, por respeto al pabellón argentino.

El nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata llegó a sitios más remotos e insospechados, como las islas Hawaii, las lejanas costas californianas, las tierras de Centroamérica y en especial los Estados Unidos de Buenos Aires y Chile en el Caribe, que enarbolaron la enseña celeste y blanca como símbolo de libertad y dignidad humana.


CONTINUARA...

Enlaces:
http://dtunpoco.com.ar/un-poco-de-historia-los-corsarios-argentinos/
http://www.lsf.com.ar/libros/56/CORSARIOS-ARGENTINOS/
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¿Por qué las banderas de Centroamérica se parecen a la de Argentina? (VIDEO)

America, 05 de Mayo de 2013
Nota mdzol.com

  Los manuales escolares nos muestran que muchas de las banderas de los países de Centroamérica se parecen a la argentina. Todos, alguna vez, manifestamos nuestra sopresa o asombro y, tal vez, curiosidad. Pero lo que no nos contaron los manuales es que son tan parecidas porque, de alguna manera, llevan “el ADN” de la enseña creada por Belgrano.

El mérito es atribuible –según lo indican tanto historiadores argentinos como centroamericanos- a las andanzas de un militar y corsario francés aquerenciado en el Río de la Plata, Hipólito Bouchard, que les hizo la vida imposible a los últimos españoles que resistían a reconocer la independencia de aquellas tierras.

La historia, en mérito a su gesta, lo reconoce como “héroe”. Aunque depende desde donde se la cuente, como siempre, también están quienes recuerdan sus duras tropelías por California y en general, por la costa americana del Pacífico.

Digamos en su honor algunos datos relevantes más: fue segundo comandante de la flota armada argentina cuando recién se creó y realizó campañas bajo las órdenes del Alte. Guillermo Brown. Fue, además, granadero a caballo del Gral. José de San Martín y, en ese carácter, luchó en la batalla de San Lorenzo.

Las hazañas de Bouchard, "el pirata de la Patria", tal como le llama Felipe Pigna, merecerían una nota especial: "en las islas Hawai -cuenta precisamente el citado historiador- se entrevistó con el rey Kamehameha y firmó un tratado haciéndole reconocer la Independencia Argentina, proclamada por el Congreso de Tucumán. El rey hawaiano gobernaba las islas hacía treinta años y los viajeros lo llamaban el Napoleón de la Polinesia".


Una de piratas
La historia es, sintéticamente, ésta: la nave corsaria de Bouchard portaba los colores celeste y blanco que identificaban a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Sus ataques desestabilizadores a los realistas apostados en tierras caribeñas produjeron como efecto colateral el triunfo de los independentistas. En agradecimiento se adoptó a los colores promovidos por el pirata franco – rioplatense como propios. Así los enarboló lo que denominaron primero (entre 1823 y 1839) Provincias Unidas de América Central y luego (1834), República Federal de Centroamérica.

Los colores fueron sufriendo interpretaciones diferentes y, a medida que las diferentes provincias fueron consiguiendo su independencia, constituyéndose en repúblicas, fueron adoptando sus propios emblemas, pero sobre la misma base.

VIDEO:

Las interpretaciones sobre los colores, en tanto, ha concitados tantos debates y opiniones como las que genera la enseña argentina: que los colores del cielo y la nieve de las altas cumbres, o el origen en alguna familia patricia española o bien, para el caso centroamericano, la representación de la tierra entre dos mares…

Y, finalmente, las naciones centroamericanas que adoptaron el celeste y blanco, como lo hizo la Argentina, son El Salvador, Honduras, Nicaragua y Guatemala. Costa Rica, por su parte, decidió que su enseña patria se inspiraría en la francesa.


Foto: Los independentistas centroamericanos levantan su enseña patria.
Fuentes consultadas: Elhistoriador.com, diario La Prensa (Nicaragua), Rolando Sierra (historiador hondureño).

Enlace:
http://www.mdzol.com/nota/53509/
http://www.stormfront.org/forum/t478089/
http://www.rebanadasderealidad.com.ar/fernando-08-10.htm

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Maureen Dunlop, una piloto argentina que hizo historia en la Segunda Guerra Mundial

05 de Noviembre 2012
Nota R.J.A.

Desconocida en nuestro país, fallecido a los 91 años el 29 de mayo 2012. Ella fue una del grupo de pioneras pilotos mujeres que volaron durante la 2da. Guerra Mundial (WWII), con la Air Transport Auxiliary (ATA), alcanzando la fama nacional como la chica de la portada, cuando un fotógrafo del Picture Post la fotografió al descender de un avión de Barracuda. 


La llegada de Maureen Dunlop a Inglaterra desde su hogar en la Argentina, coincidió con un enorme incremento en la producción de aviones, que llevó a una necesidad urgente de ampliar la casi exclusivamente masculina ATA - irreverentemente llamado "aviadores antiguos y cansados". Ya siendo una piloto calificada, se incorporó en abril de 1942, en un pequeño grupo de mujeres pilotos llegando ser un primer oficial de ATA.

La tarea de los pilotos de ATA era entregar aviones de las fábricas y unidades de mantenimiento a los escuadrones de la primera línea. Sólo durante la presentación en la madrugada se informaba a los pilotos qué tipo de aviones iban a volar y la pista de aterrizaje a la que se iría. La organización tenía su propio servicio de taxi aéreo, pilotado por los pilotos de ATA, para entregar o recoger los que se asignaba para transportar a un avión.

Inicialmente Maureen Dunlop voló con el 6 Ferry Pool en Ratcliffe cerca de Leicester, pero más tarde se trasladó a Hamble cerca de Southampton, que era un grupo de mujeres. Desde allí se entregaban a los escuadrones los Spitfires. En una ocasión, justo después del despegue, el pabellón de la carlinga voló - ella logró realizar un aterrizaje exitoso. En otro caso, el motor de su avión Argus falló y se vio obligada a aterrizar en un campo donde se descubrió que había un pistón roto.

Con todos los pilotos ATA volando los mismos tipos de avión y frente a los mismos riesgos, Sir Stafford Cripps dispuso que los pilotos de sexo femenino, debían recibir igual salario que sus colegas masculinos y este pequeño grupo de mujeres con razón, se consideraban pioneras de la igualdad entre los sexos.

Muchas, incluyendo a Maureen Dunlop, deseaba haber volado en combate, pero esto fue considerado un paso demasiado lejos y estaba prohibido. "Pensé que era lo justo", remarcó. "¿Por qué sólo se debe matar a los hombres?"




 

Ella fue una de 164 pilotos de sexo femenino y durante sus tres años con la ATA, voló 38 tipos diferentes de aviones, entre ellos el Typhoon, Spitfire, el Mustang y el bombardero Wellington. Sin embargo, cuando se le preguntó cual era su favorito, ella respondió de inmediato: "El Mosquito".

El ATA se había fundado en septiembre de 1939 por Gerard d'Erlanger, un banquero interesado en la aeronáutica y director de British Airways. Pero, con el fin de la guerra, fue disuelta del día a la noche. Sus 600 pilotos habían entregado 308.567 aviones y muchos sintieron que eran "Los pilotos olvidados". Maureen Dunlop fue uno de los pocos pilotos de sexo femenino que consiguieron un trabajo volando al salir de la ATA. 



Maureen Adel Chase Dunlop, nació el 26 de octubre de 1920 en Quilmes, cerca de Buenos Aires. Tenía doble nacionalidad, británica y argentina, a pesar de que fue educada en una escuela Inglesa en Buenos Aires por un corto tiempo, ella recibió la mayor parte de su educación por una institutriz.

Creció rodeado de animales, se convirtió en una experta amazona y con frecuencia galopaba junto a los trenes y saludaba a sus conductores al cruzar los vastos espacios de la Patagonia.

Durante unas vacaciones en Inglaterra en 1936 tomó clases de vuelo y luego cuando ella regresó a la Argentina, mintió sobre su año de nacimiento con el fin de poder legalmente continuar con su entrenamiento de vuelo.

Durante la Primera Guerra Mundial, su padre había viajado a Inglaterra para unirse al Ejército y con el estallido de la Segunda, Maureen no veía ninguna razón por qué no debería seguir su ejemplo. Por lo que  viajó a Inglaterra con su hermana, quien iba a trabajar para la BBC.

Después de la guerra, Maureen Dunlop calificó como instructor de vuelo en la RAF Luton antes de regresar a la Argentina, donde trabajó como piloto comercial. Dió instrucción y volo para la Fuerza Aérea Argentina, además de tener una asociación en una empresa de taxi aéreo, sin dejar de volar activamente hasta 1969.

Su otro gran amor era los caballos y ella estaba fascinada por los caballos árabes. Después de la guerra, compró su primer árabe y más tarde construyó un gran establecimiento de cría conocido como Stud Milla Lauquen.

En 1955 se casó con Serban Popp, un diplomático rumano retirado y en 1973 viajó a Inglaterra, donde compró una granja cerca de Norwich. Pronto descubrió que su permiso de conducir de la Segunda Guerra Mundial había caducado. A pesar que su licencia de piloto comercial estaba todavía en vigor, tenía que presentarse de nuevo a su examen de conducir británico. Sorprendió a sus hijos al tomarle cinco intentos de persuadir al examinador de Norwich que ella estaba en forma y capaz de conducir en las carreteras británicas. Se sorprendieron al pasar tan poco tiempo. Ella trabajó incansablemente con sus animales, realizando trabajo físico que hombres mucho más jóvenes consideraban agotador. Ella logró un conocimiento excepcional de los linajes árabes. 



Novela que la relata en parte su historia, esperemos que algún día llegue acá...

En 2003 Maureen Dunlop de Popp fue una de las tres mujeres pilotos de ATA que recibieron el premio Master Air Pilot del Gremio de Pilotos y navegantes de Aerolíneas.  Su marido murió en 2000 y le sobreviven su hijo e hija, una segunda hija falleció antes que ella. 

Maureen Dunlop de Popp, nació el 26 de octubre de 1920 y falleció el 29 de mayo 2012, digna historia para que se tenga en cuenta en nuestras aulas...


Adele Chase dunlop (26 de octubre de 1920-29 de mayo de 2012)
Dunlop, fue un piloto anglo-Argentino que voló para el british air transport auxiliar (ata) durante la segunda guerra mundial, y se convirtió en Notable como un pin-Up en la portada de la revista picture post.


Ya era un piloto calificado, se unió en abril de 1942, uno de un pequeño grupo de mujeres con pilotos, para ser un primer oficial. Ella era una de las 164 mujeres pilotos. La tarea de los pilotos ata era entregar aviones de fábricas y unidades de mantenimiento a escuadrones de primera línea.

Sólo durante la reunión matinal, los pilotos descubrieron qué tipo de avión iban a volar y a qué aeropuerto iban a ir. Ella dominó los controles de 28 diferentes tipos de aviones monomotor y 10 tipos de aviones multi-Motor, que también incluían el hawker typhoon, Hawker Tempest, avro anson, mustang, Bristol Blenheim y vickers wellington.

Sin embargo, cuando se le preguntó cuál era su favorito, respondió inmediatamente: " el mosquito " (su número de hoursflown es 800). Dunlop, al igual que muchas de sus compañeras femeninas, dijo que deseaba que pudiera haber volado en combate: " lo pensé Era la única cosa justa. Por qué sólo los hombres deben ser asesinados?" ella atravesó la guerra sin heridas, pero en una ocasión, justo después de que ella se había ido, la cabina explotó - hizo un aterrizaje exitoso. En otro, el motor de su avión argus falló y se vio obligada a aterrizar en un campo donde descubrió que un pistón se había roto.

Después de la guerra se clasificó en Inglaterra como instructor y, volviendo a Argentina, voló para la fuerza aérea argentina y enseñó a sus pilotos, así como a volar comercialmente.

En 1973 ella y su esposo, serban, un diplomático rumano retirado que conoció en una función de la embajada británica en buenos aires, regresó a Inglaterra, donde durante el resto de su vida, en una granja en norfolk, ella siguió su segundo amor, Crío caballos árabes.

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Allan Claudio Withington, un argentino veterano de dos guerras

17 de Febrero de 2013
Nota R.J.A. 
Fuente: Red Internet.

Allan Claudio Withington (Tito para los familiares y allegados), nació el 11 de noviembre de 1923 en Argentina, integró el escuadrón 625 con base en RAF Kelstern, Inglaterra. Ya adulto, dio lo suyo, para hacer nacer al Escuadrón Fénix del bando militar argentino en el conflicto del Atlantico Sur.

“Adolfo, grandes cariños desde Argentina” fueron las palabras dedicadas por Allan Claudio Withington a Hitler. Tras el volante de su avión Lancaster y sobre el final de la Segunda Guerra Mundial, fue la cabeza de una de las tantas estrategias de contraataque: al mando de su grupo lanzó un millar de tiras metálicas sobre la casa de Hitler con el fin de perturbar y despistar a los radares alemanes hasta saturarlos.

Cuarenta años después, Withington terminó utilizando esa misma estrategia enseñada por el bando de los aliados en contra de quien alguna vez fue su maestro, esta vez para despistar radares del enemigo inglés, en la guerra que se desenvolvió en las Islas Malvinas. El mensaje de Tito era otro: “En el campo se acostumbra a querer agarrar al toro por las bolas. Galtieri quiso agarrarlo todo y el toro se lo llevó puesto…”

Son unos pocos los sobrevivientes de la segunda guerra mundial, son muchos menos los que después de la guerra decidieron aterrizar y luchar por el suelo nacional en contra de aquellos que alguna vez fueron del propio equipo. Allan Claudio Withington (Tito para los familiares y allegados), nació el 11 de noviembre de 1923 e integró el escuadrón 625 con base en RAF Kelstern, Inglaterra. Ya adulto dio lo suyo para hacer nacer al Escuadrón Fénix perteneciente al bando militar argentino.

Allan Withington participó alternadamente para un bando y para el otro. Del lado inglés, su pasión por el aire lo motivó a ofrecerse como voluntario. Del lado argentino, defendió a su patria. Todavía no había cumplido 20 años de edad cuando se plantó frente a su familia con la idea que lo obsesionaba: volar. “Yo tengo que ir allá a pelear para los ingleses”, dijo en su casa antes de subirse a un barco carguero que zarpó desde Buenos Aires con carne y cereales destinados a saciar a una Gran Bretaña en guerra. Una verdadera pena que Hitler se haya volado la cabeza (o así cuenta la historia) sin saber del mensaje que este cordobés descendiente de ingleses tenía para darle.

 
Por iniciativa propia se dirigió a la embajada inglesa para enrolarse en el bando aliado. Como Tito, unos 3.000 argentinos no quisieron quedarse afuera de la historia y se ofrecieron como voluntarios en la Segunda Guerra Mundial. “En el barco se empezaba a sentir todo. Es más, como nadie sabia qué se iba a encontrar una vez estando en la guerra, alguien gritó “¡¡Submarino, submarino..!!”. Imaginate, todos nos asustamos hasta las patas. Pero resultó ser una ballena…”.

En el mismo barco conoció a Harold Hyland, otro argentino afiliado a la odisea de cruzar el océano para frenar a Hitler. Pero Harold tuvo menos suerte que Allan. A él le tocó llorar a Peter, el hermano que no volvió de la guerra. Allan terminó sumando a la hermana de Harold, Sheila, a su familia mujer a quien convirtió en la señora de Withington. Ellos fueron integrantes del Escuadrón Anglo Argentino 164 "Firmes Volamos", creado en 1942.


Allan se alistó en la Royal Air Force (RAF) de Londres y se entrenó con las fuerzas norteamericanas, donde recibió el adiestramiento necesario para manejar, controlar y manipular la tecnología aérea. “De paso recorrí todo el mundo. Así conoció Europa, el norte de África, Asia… Recorrí, no por placer, sino para buscar prisioneros. Supongo que no es lo mismo”. Durante la guerra cumplió la función de camuflar el escuadrón de aviones que seguía la cola de su avión. Al mando de su grupo, Tito era el encargado de soltar miles de papelitos metálicos que funcionaban como anzuelo y despiste. Estos papelitos eran captados por los radares alemanes que perdían toda precisión y exactitud al tomar las señales como si fueran las posiciones de los aviones atacantes.

Debido a que Withington nunca quiso aceptar la ciudadanía inglesa, una vez finalizada la guerra volvió a Argentina con el fin de mantener su trabajo como piloto. Así fue como de vuelta en el país trabajó en empresas nacionales como Aerolíneas Argentinas y Austral. Además de ser piloto de vuelo, Tito colaboró con las Fuerzas Aéreas Argentinas (FAA) donde participó como instructor de vuelo de viajes comerciales y de simulacros de emergencia.


Allan nunca fue un hombre que se fuera a quedar quieto. En 1978 decidió jubilarse para poder trabajar en el Banco de Italia, donde tuvo su primer contacto con los aviones que completaron esa pasión que fue incubando a través de los años. Gracias a ese trabajo, conoció a un pájaro del aire con plumas de metal, superior a cualquier otro que hubiese visto: los aviones Lear Jet, de increíble velocidad y tecnología. “Pasó a ser piloto de lujo, chofer de lujo. Trasladaba presidentes entre países y de paso entrenaba a otros pilotos que iban a trabajar con los Fortabat…”.

Pero en 1982, historia conocida: agresión Británica de por medio, Tito no pudo aplacar aquella iniciativa que en 1942 lo llevó a participar voluntariamente en la guerra. Así, vio nacer al Escuadrón Fénix como el ave que resurge de sus cenizas, el cual tuvo su Bautismo de fuego en el conflicto del Atlántico Sur durante la guerra de Malvinas. Tito fue uno de los tantos chicos que de trabajar medio tiempo como ninjas y defensores del universo se ofrecieron como voluntarios para combatir en la Segunda Guerra Mundial a favor de los aliados. Uno de los tantos que de ser jefes de familia, abogados, ingenieros, maridos, padres y esposos, cambiaron el proceso de ilusiones, aspecto, habilidades, ideas políticas, amores y pasiones para ser hombres que arriesgaron a dejar la fantasía de soldaditos de plomo para encarnarlos en sangre propia.

 Fue integrante del primer grupo de treinta aeronaves, pilotos y mecánicos aeronáuticos que se despacharon al Sur del País cubriendo las diferentes movilizaciones y despliegues implementados por la Fuerza Aérea. Al igual que en 1942, en esta ocasión tampoco dudó al momento de luchar en Malvinas. La ironía fue que, esta vez, el enemigo era aquel bando inglés al que alguna vez defendió. “No, bombas no tiró nunca. Vio morir a un compañero y prefirió ser la punta de su escuadra con el objetivo de despistar radares alemanes para lograr camuflar el ataque de los aviones. Lo mismo que había hecho en la segunda guerra…”, comentó Daniel Withington, uno de los 7 hijos de Tito. “Pero así como se les sumó sin chistar en el 43, en el 82 fue del bando de “el que no salta es un inglés”. En la Guerra de Malvinas se subió a un avión. Peleó con y en contra de Inglaterra. Voló un Learjet del por entonces Banco de Italia y podría haber argumentado algo para no ir pero donde iba el avión iba mi papá. Imaginate, si se fue a la guerra a los 18, a los 60 y pico no iba a ser menos. Le dieron un uniforme y no lo vimos por una semana.”

 Una vez iniciada la guerra en Malvinas, Allan se acercó a quien era su jefe en el Banco de Italia para pedir prestados los aviones con el fin de ser usados a favor del país argentino, debido a la amplitud del alcance de los radares. Con 59 años, se embarcaba al encuentro de lo que sería una guerra muy diferente a la jugada años atrás en suelo Europeo. “Los militares son unos pelotudos. No podíamos ganar, pero no podíamos dejar que mueran todos tan impunemente.”, dice Allan.

 La Fuerza Aérea Argentina, ante la necesidad de aumentar los volúmenes de carga y pasajeros a ser transportados a las Islas Malvinas, movilizó parcialmente medios aero-comerciales pertenecientes a Aerolíneas Argentinas y Austral. El otro componente fue compuesto por los miles de soldados que fueron enviados al suelo frío del sur para defender un país que participó en una guerra nacida de las falencias intestinas de un gobierno dictatorial en decadencia. Withington había conseguido uno de los tantos aviones civiles que simulaban aeronaves de combate en los radares de la Fuerza de Tareas Británica y que motivaban continuas alarmas e incursiones de parte de las Patrullas Aéreas de Combate (PAC). Muchas de las salidas de esta aeronave dentro del Escuadrón Fénix encubrieron exitosas misiones de combate que ocasionaron notorias pérdidas a las fuerzas expedicionarias inglesas en el marco de la Guerra de Malvinas.



 “Las aeronaves que fueron usadas contaban con múltiples ventajas: velocidad, excelente nivel de vuelo y mimetización ante la imposibilidad de ser discriminadas por los radares del enemigo… Pero él sabia la las pocas chances que había de ganarle a los ingleses. Allan había volado esos aviones y nos decía que íbamos a perder la guerra. Por eso lo tildamos de loco. Pero tenia razón, ese sistema bélico era insuperable”, comenta Susana, actual esposa de Daniel Withington.

 En el sur del país, Tito realizó tareas de retransmisión en vuelo, exploración y reconocimiento, búsqueda y salvamento, diversión (para confundir al enemigo y mantenerlo en alerta permanente) y guiado de escuadrillas de combate hasta las proximidades del objetivo. Pero la gran distancia desde el continente a las Malvinas imponía limitaciones para la operación de los aviones, por ello se seleccionaban las pistas próximas al archipiélago, estableciéndose las bases en Trelew, Comodoro. Rivadavia, San Julián, Santa Cruz, Río Gallegos y Río Grande. En la base ubicada en Río Gallegos, Allan dedicó sus actividades a practicar lo que el bando enemigo le había enseñado.

 Entre las tantas picardías que se podrían argumentar contra las fuerzas argentinas, Tito recuerda el hecho de que las aeronaves no se encontraban artilladas, de modo que las mismas se enfrentaban al enemigo sin la posibilidad de dar respuesta bélica alguna. Por lo tanto, la única alternativa con la que contaban los pilotos de vuelo constaba en quedar librados a su buena suerte y a las maniobras evasivas que pudieran realizar para evitar impactos mortales de la agresión de aviones SeaHarrier enemigos, misiles lanzados desde tierra o de las posiciones navales. Igual desventaja y pérdida de chances tenía lugar en caso de enfrentamiento y ello era así por el hecho de que estas aeronaves no contaban en ningún caso con la posibilidad de eyección o del lanzamiento en paracaídas de sus tripulantes.




Fue en el cielo donde encontró la fascinación de su vida pero fue ese mismo cielo bajo guerra el que le quitó la vida de uno de sus amigos. “No quise subir más. No quería saber más nada. Pero uno de los militares con mayor rango que el mío me puso un chumbo en la cabeza y me dijo: “o subís o te bajo yo”… Y yo no podía dejar a una familia con siete hijos”.

 Las ironías de la vida hicieron que veinte años después de la finalización de la guerra contra Gran Bretaña, Tito fuese condecorado por la Corona Inglesa por su voluntariosa participación en la segunda guerra mundial. Una emotiva ceremonia en la St. Clement Danes Church y otra en la residencia del embajador argentino sirvieron para rendir homenaje a los 754 voluntarios argentinos que se alistaron en las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, de los cuales once asistieron al acto. Allí, la misma Reina hizo entrega de medallas y se presentó el libro “Alas de trueno”, de los autores bahienses Claudio Meunier y Oscar Rimondi y del pintor aeronáutico Carlos García.


 Hoy en día es difícil encontrar que alguien describa su pasaje por una guerra. Y Tito no es la excepción. Habiendo vivido dos guerras sufre las consecuencias del Alzheimer, enfermedad progresiva que le ataca el cerebro y genera como consecuencias limitaciones de la memoria, el razonamiento y el comportamiento. Desde el sillón no da más detalle que lo superficial de la guerra. El resto se lo guarda. Se dedica a coleccionar pingüinos y a sumergirse en una docena de pinturas que emulan los aviones y máquinas que disfrutó manejar en sus días de actividad como soldado. Quedan pocos de estos verdaderos pioneros de la aviación para quienes volar representó alguna vez la aventura.

 Fuente Chocolate y Canela: Allan Claudio Withington

 Recuerdo que cuando abrí el tópico sobre los ases argentino, hubo quien dijo que de argentino no tenían nada por defender los cielos de Gran Bretaña, creo que este es un verdadero ejemplo de cuando alguien hace algo con convicción no implica perder su amor a su patria.

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Héroes Argentinos en la Segunda Guerra Mundial (RAF-RN) VIDEO

Argentina 07 de Octubre de 2012 
Lo que no me enseñaron en la Escuela. 

A partir de este día iniciamos una columna donde contaremos historias de argentinos que aun no se animan a enseñar en nuestras aulas escolare, aquellos estando fuera de su país natal aportaron conocimientos, hazañas y logros para la humanidad, dejando en cada punto del mundo una muestra de los que es el criollo argentino...




El columnista encargado de los enlaces en la red, es el “bomberojubilado” (Raúl J. Azor), un bombero de la policía, hoy retirado, quien le apasiona la historia de los argentinos en el mundo, quien inicia con esta nota una nueva columna “LO QUE NO ME ENSEÑARON EN LA ESCUELA”.
 



Una crónica de héroes olvidados y desconocidos


Les voy a contar una historia de héroes anónimos y estoy seguro que habrá un antes y un después de leerla. "Ellos" orillan los 86 años de edad promedio. Son argentinos derrochando códigos y valores que hoy lamentablemente, están desapareciendo en nuestra sociedad. Eran jóvenes que en 1939, viajaron 14.000 kilómetros hacia Europa para combatir los regímenes nacionalsocialistas de Adolf Hitler y de Benito Mussolini y lo hicieron sin que nadie los obligaran y en calidad de voluntarios.

Estos argentinos, al comenzar la segunda guerra mundial, eran gente vinculada al campo y lo único que habían aprendido a manejar, eran las riendas de los caballos, guiar el ganado y llevar las actividades agrícolas. Un día la realidad de la guerra les llegó a sus casas a través de la radio y se enteraron que Europa estaba envuelta en llamas y desolada. Pensando que si Hitler ganaba esa guerra en el continente europeo, su siguiente pasos sería América y consiguientemente Argentina, estos jóvenes de poco más de 18 años colgaron el recado del campo, armaron una pequeña valija y partieron hacia el puerto de Buenos Aires, para viajar a un continente desconocido.

Pagaron de su bolsillo el pasaje y se embarcaron en calidad de turistas hacia Gran Bretaña, ultimo bastión libre de la Europa occidental. Muchos de ellos conocieron ahí el océano y también a los submarinos alemanes que acechaban los mares y algunos de nuestros héroes criollos quedaron para siempre olvidados en las profundidades de los mares.

Hacia 1940 llegaron los primeros contingentes de argentinos a las islas británicas y con el arribo, la sucesión de problemas, debido a la barrera del idioma y a la escasez de alimentos. Se alistaron en la aviación e inmediatamente fueron enviados a Canadá, para recibir entrenamiento en un territorio lejano a la guerra. En tan solo 8 meses estos hombres de campo pasaron de jinetear un caballo a volar la novedad aeronáutica de las fuerzas aéreas británica (RAF), canadiense, australiana, sudafricana y la Francia libre. Eran los cazas Hurricanes y Spitfires.

Increíblemente algunos de estos argentinos se destacaron en todos los frentes de batallas, transformándose en feroces pilotos de combate que alcanzaron con facilidad la categoría de "Ases", al derribar aeronaves enemigas y volverse leyendas entre sus pares. Otros, se distinguieron como pilotos de bombarderos efectuando varias misiones sobre Alemania. 


Una lista de honor


Es tan frondosa la lista que sólo voy a citarles algunos nombres como: Ricardo Moreno, nacido en San Carlos de Bariloche y sobrino del famoso naturalista el perito Pascasio Moreno, era propietario de un pequeño avión llamado "Sea Bee" y solía pasar algunas temporadas en Bahía Blanca, donde tenía muchos amigos. Su corazón un día le dictó ir a Europa, a pelear por una libertad ajena. Actualmente vive en Canadá. 

Federico Bradbury

Federico Bradbury, nacido en Lomas de Zamora, trabajó durante años acá en la ciudad para el ferrocarril. Murió en la guerra tripulando un bombardero Stirling en 1944. Era ingeniero en el departamento de obras del Ferrocarril del Sud, con asiento en la ciudad y tenía a su cargo el tendido de rieles hasta Zapala.


Alejandro Francisco Watt, nació en la ciudad de Córdoba. Los Watt eran cuatro hermanos y todos fueron pilotos de la guerra. Dos de ellos murieron en combate.


El capitán Juan Conran, también nacido en Bahía Blanca, fue el primer argentino en bombardear Berlín durante 1941. Lo derribaron, se salvó y fue prisionero de guerra hasta el fin de la contienda.

El capitán Stuart Haslam, piloto de Spitfires, nació en Bahía Blanca y vivió aquí hasta que comenzó la segunda guerra mundial. Nunca retornó a nuestra ciudad y luego de la guerra se asentó en Hurlingham.

El capitán Robert James Hill de destacada actuación en la RAF, también era oriundo de Bahía Blanca. Al retorno de la guerra algunos de ellos, con una enorme experiencia de vuelo fueron convocados para el incipiente nacimiento de Aerolíneas Argentinas.

Mauricio Lett
Mauricio Lett era hijo de Carlitos Lett, el famoso jugador de fútbol que introdujo la "gambeta". 

Mauricio no conocía Europa y su única visión cotidiana era la Sierra de la Ventana y la estancia en donde había nacido: "Las Torres", cercana a la localidad de Pigüé. Desapareció con su caza Spitfire, sobre el Mar del Norte en 1945. Tenía poco más de 20 años. Su historia es casi desconocida para todos, excepto para unos pocos que aún viven en el lugar que lo vio nacer. 

Reynaldo Daintree, nació en Adrogué. Pero su madre era oriunda de Pigüé. Fue piloto de bombarderos pesados en la India. Ya en nuestro país, se convirtió en piloto presidencial de Arturo Frondizi y en la aviación comercial batió récords de velocidad, distancia y horas voladas, acumuló 33.000, llegando a ser incluso el jefe de línea internacional Aerolíneas Argentinas, piloteó desde los Comet hasta los Jumbo 747. Aún hoy visita continuamente nuestra ciudad pues aquí tiene amigos.


Ken Charney

El coronel Ken Charney, nacido en Quilmes, vivió toda su juventud en Bahía Blanca. Está considerado como un as de la segunda guerra mundial, con 14 aviones enemigos derribados.


Carlos y Jorge Richards, que vivían en la calle Luiggi de Bahía Blanca y volaron por muchos años los aviones comerciales de nuestra bandera, hasta que llegaron al país las primeras versiones de los Boeing 737.

Imposible olvidarme de Bernardo Noel De Larminat, otro as de la aviación durante la segunda guerra mundial, hoy alterna sus días viviendo en su campo de Jacinto Arauz (La Pampa) y su casa de Bahía Blanca.

El día que la guerra llegó a su fin


Carlos Alberto SANTOSTEFANO
Al finalizar el conflicto en Europa, 670 aviadores voluntarios argentinos, fueron no sólo protagonistas, sino también espectadores de lujo en la celebración de la victoria. 30 de ellos fueron condecorados con las máximas distinciones que otorgaron las fuerzas aéreas aliadas, llamada DFC o Cruz de Vuelo Distinguido. En muchos casos, algunos de estos pilotos consiguieron dos y hasta tres de ellas, siendo condecorados por Francia, Bélgica, Holanda, Gran Bretaña, Estados Unidos, India o Canadá, aunque la lista de países es interminable.

Terminada la guerra, se les dio la baja como pilotos y volvieron al país. Muchos retornaron al campo a ensillar los caballos y a salir a trabajar como si nada hubiera ocurrido. En otros casos no hubo retorno, 130 de estos chacareros argentinos quedaron diseminados en tumbas a lo largo de toda Europa, como mojones de los feroces combates aéreos en los que perdieron sus vidas.

Escuadrón 164 argentinos en la RAF “Firme Volamos” de 1942



VIDEO FUIMOS HEROES 
 -TN Todo Noticias-


No hubo un retorno triunfal
En nuestro país algo había cambiado. El presidente Perón había dado un abierto apoyo a jerarcas nazis, algunos de los cuales eran buscados en Europa por sus crímenes de guerra. El gobierno cobijó a muchos de ellos y sobre todo a los científicos alemanes, a quienes hizo ingresar en el famoso proyecto IAPI. Para los héroes victoriosos y condecorados que retornaron de la guerra, no hubo absolutamente nada, por eso se llamaron a un silencio absoluto, que duraría más de 60 años.

RAF 164 Argentine British Squadron

 Las Malvinas y la RAF

 Pero aún hay más acerca de ellos, durante el conflicto del atlántico sur, en 1982 varios de estos argentinos que volaban en su ultimo año como pilotos comerciales, con Aerolíneas Argentinas, Austral y en empresas privadas, se ofrecieron ante el gobierno argentino y a la Fuerza Aérea, como voluntarios para luchar contra Gran Bretaña, que incluía la RAF su ex fuerza aérea. Dos de estos pilotos de segunda guerra mundial y ahora pilotos del escuadrón “Fénix”, recibieron distinciones por su participación durante la campaña de Malvinas, siendo un caso excepcional de voluntarios en conflictos bélicos.
 

Otros enlaces de nuestro blog:
https://bomberossanrafael.blogspot.com.ar/2013/02/allan-claudio-withington-un-argentino.html

https://bomberossanrafael.blogspot.com.ar/2012/11/maureen-dunlop-una-piloto-argentina-que.

https://bomberossanrafael.blogspot.com.ar/2013/02/2da-parte-los-ases-argentinos-de-la.html

 
Enlaces:
http://www.lasegundaguerra.com/viewtopic.php?t=2332

http://www.elliberal.com.ar/noticia/4369/historias-combatientes-argentinos-ii-guerra-mundial

http://www.chismesmundo.com/heroes-argentinos-en-la-segunda-guerra-mundial/


 

TAL VEZ TE INTERESE:
http://www.lagaceta.com.ar/nota/589837/la-gaceta-literaria/tras-huellas-nazismo-sudamerica.html

http://www.lasegundaguerra.com/viewtopic.php?t=3484

http://www.infobae.com/2015/11/12/1769273-la-historia-los-5-mil-argentinos-que-pelearon-la-segunda-guerra-mundial/
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