BOMBEROS SAN RAFAEL 2015

Mostrando las entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas

Malvinas: Una Historia de un Combatiente contada para los amigos de nuestro blog.

Argentina, 24 de Septiembre de 2015
Nota: R.J.A. y A.E.C.

Como una herida abierta a flor de piel, quedaron los relatos de combatientes de la guerra en Malvinas, que estuvieron hace más de 30 años en el conflicto de Argentina y Reino Unido en el Atlántico Sur.


En los cuatro años interactuando con nuestra comunidad civil y policial, hoy nos topamos con una de tantas historias o vivencias que comparten nuestros compañeros, colegas y/o amigos. En especial compartimos esta... En la que un combatiente eligió este espacio informativo, para aliviar sus penas de su Historia que tuvo como experiencia en la Guerra de Malvinas. 


He aquí, que el Oficial A. Camus y R. Azor de la Policía de Mendoza, hacen que cobre vida esta breve Historia del conflicto en el Atlántico Sur, con sus fotos y la carta abierta de un patriota que hizo soberanía en la Isla Soledad, Malvinas 1982. 

RESEÑA: Los efectivos británicos desembarcaron en Malvinas el 21 de mayo de 1982, en su ofensiva para aplastar la supuesta "invasión" argentina del 2 de abril. Lo hicieron al oeste de la Isla Soledad, que se ubicada al este del archipiélago, y marcharon dos kilómetros entre montañas, piedras y turba, para encontrarse con la resistencia argentina.

Allí, en los montes Kent, Harriett, Dos Hermanas y Longdon, se desarrollaron los más intensos combates, que finalizarían con el rendimiento de argentina el 14 de junio.


Fueron, hicieron Soberanía nuestros Patriotas, y regresaron para nunca ser recibidos como tal.




Los últimos tres días del conflicto fueron los más sangrientos, más inciertos y más terribles de toda la guerra.  

El avance británico final, empezó en la noche del 11 y la mañana del 12 de junio, para dominar las alturas que rodean al Puerto Argentino: Monte Kent, Monte Harriet, Dos Hermanas, Tumbledown, Monte Longdon. 

El alto mando inglés calculaba que a las tropas argentinas se les habían terminado las raciones frescas el 10 de junio, revela el historiador Lawrence Freedman en su libro "The Official History of the Falklands Campaign" "había versiones que indicaban que no contaban con pan desde hacía un mes y que muchos soldados argentinos padecían deficiencia de proteínas, desnutrición avanzada y comienzos de problemas psiquiátricos graves".

La mañana del 12 de junio unos cuatro mil quinientos soldados ingleses atacaron Monte Longdon y Monte Harriet. Las posibilidades de ataque a los británicos por parte de la Fuerza Aérea Argentina eran cada vez más difíciles.

Los británicos también tenían problemas de abastecimiento. Al mando de la flota naval, el almirante John "Sandy" Woodward empezaba a notar la escasez de barcos y de municiones.  
El 12 de junio, el Arrow y el Active dispararon ciento ochenta y seis andanadas contra objetivos argentinos en Moody Brock, no muy lejos del que había sido el cuartel de los marines británicos y a Sapper Hill, la última colina antes de Puerto Argentino.

Para a esas horas la lucha no era ni naval ni aérea. Era por tierra. Los Guardias Escoceses asumieron la misión de tomar Tumbledown junto a las unidades Gurkhas. Se toparon con una resistencia feroz y violentísima del Batallón de Infantería de Marina 5 conformado en un setenta y cinco por ciento por conscriptos. (ver: "Yo creo..."

En su diario, el general inglés John Kiszley escribió: "El enemigo (por el BIM 5) estaba bien colocado y esperó a que estuviéramos a cien metros de distancia para abrir fuego con todo lo que tenía. Los dos pelotones de avanzada estaban detenidos, y cada vez que avanzaban sufrían bajas. No podíamos imponernos. Al contrario de lo que se esperaba, el enemigo estaba en pie y luchaba".


En Monte Longdon, en la noche del 13 al 14 de junio, las tropas del Regimiento 7 de Infantería de La Plata también se trenzaron en una batalla feroz con las tropas británicas, que en muchos casos, como en Tumbledown, llegó a la lucha cuerpo a cuerpo. Las fuerzas británicas usaron "un intenso bombardeo con todas las armas disponibles" y poco a poco el avance hacia Puerto Argentino se hizo incontenible.


Al amanecer del 14 de junio, la primera avanzada británica llegó a las inmediaciones de la capital malvinense, junto con una intensa nevada. El General Moore instó al general Mario Menéndez a rendirse "sin involucrar al gobierno argentino" y le dijo lo que Menéndez ya sabía: la resistencia sólo podía aumentar las bajas.

Lo demás es historia conocida...


No solo se quedaron con el trauma de la guerra, sino con el silencio del olvido de un pueblo dolido; 649 argentinos murieron para darle 100 años de oportunidades, para que las Islas Malvinas vuelvan ser argentina con diplomacia


La Carta por: JUAN ANTONIO BARROSO excombatiente de Malvinas (1982 Regimiento 6 de infantería - Cabo de la Compañía “B”).

*La misma fue modificada para una fácil lectura, respetando al escritor dentro su vivencia compartida

Querido amigo Esteban, hace tiempo que quiero contarte algo sobre lo que sucedió esa noche del 12 de junio cuando nos atacaron los ingleses y se replegaba la compañía de Infantería "B".

Usted sabe que yo estaba con el mortero de 81mm, quizás esto le parezca una novedad, pero bueno… pasaron los años y se lo tengo que contar:

Para mí ha sido muy difícil vivir con esto, y peor es no borrar de mi memoria a los muertos y la retirada de mis compañeros. No voy a olvidar nunca cuando se replegaba la compañía y tome la posición de combate a los gritos diciendo que: ¡Yo no me voy!..., me quede esperando ordenes, no me iba a retirar cuando teníamos tantas municiones para tirar, y entre el combate se escuchaban gritos de los soldados argentinos y el apoyo de fuego de Irigoitia con otros grupos militares. Hasta que llegó mi jefe de sección a buscarme...


Me llama y me dice:

-Barroso, Barroso!!! Vamos!!!
 

-Yo le contesto, a dónde? 

-Con la compañía.


-Yo no me voy, quiero tirar. 


-Entonces él me manifiesta: usted cumple la orden que le doy!.
 

Le dije: la orden que usted me da me la pasó por las pelotas y me amenazó con meterme preso cuando llegáramos al continente.

- Le meto 3 días de arresto.


 -Métame 50 también si quiere, yo voy a tirar. 


Estábamos discutiendo y llegó el subteniente “Franco” y me pregunta:
 

-Que pasa Barroso?

-Este no quiere que tire.


Él le dijo a mi jefe porque no lo deja tirar.
 

-Es que lo van a matar si tira.

Al instante le conteste: Que mierda le importa si me matan, yo quiero tirar, no escucha los gritos de nuestros soldados pidiendo el apoyo de fuego.


-El me contesto: usted sálvese, y deje que los demás se salven como puedan.  


Estaba como loco, porque escuchaba los gritos de mis compañeros y del soldado “Guanes”.
 

-Entonces el joven Oficial Franco me dice: usted quiere tirar…
 

-“Tire barroso” “tire barroso, que yo lo voy a defender.
 

Discutí feo con mi jefe de sección, hasta que llegó el soldado “Romero Javier” quien era de mi grupo, y me manifestó:
 

-Que pasa mi cabo?.
 

-Le digo te animas a tirar?
 

-Si mi cabo, yo lo acompaño.
 

Saltamos los dos a donde estaba el mortero, ocupando posición, y preparamos dos cajones de proyectiles españoles en instantáneos, listos para tirar. 

Comenzamos hacer fuego en dirección a Monte KEN donde venía avanzando el enemigo y nuestros compañeros estaban muriendo. Tirábamos un tiro y regulaba las manivelas mientras nuestros soldados intentaban llegar a la parte alta de la montaña. Seguíamos tirando, hasta que abrace el tubo del mortero con mis brazos, para moverlo de un lado a otro, según el ángulo que necesitábamos para defender la posición de retirada.
 

Tiramos y tiramos para todos lados, tratando de cometer el menor error y salvar la mayor cantidad de vidas, recuerdo que el fuste me rebotaba en mi brazo, no sentía nada, nada me importaba, solo quería que mis compañeros llegaran. 

El enemigo hizo una pausa por un instante, ellos subieron a la montaña, complete los doce tiros y le grite al soldado Romero que desarmáramos el mortero. Hoy sigo escuchando en mis oídos los gritos del Subteniente Franco, que me decía:
 

-"Vamos Barroso, esos son huevos, mierda"...

Esas palabras me quedaron para siempre, después de desarmar el mortero, alcanzamos a cubrirnos, se venía el infierno, habían detectado la posición y nos dispararon con todo lo que tenían. Lo único que alcance a decir a los soldados que estaban en la posición, fue:
 

-“Tápensen bien fuerte los oídos y abran grande la boca”.
 

Comenzó el fuego de la artillería, la pesadilla se desato, los proyectiles caían encima y alrededor de la posición, parecía que mi cabeza explotaba y mi pecho se partía, donde me manifesté:
 

-“Hasta acá llegamos, de esta no salimos”. 

Sufrimos todo el cañoneo de la artillería, hasta que se silenciaron, ahí pudimos abrazarnos por la divina gracia de Dios...


https://www.facebook.com/juanantonio.barroso.7

*Bueno…, esto lo sabían muy pocos de mis compañeros, mi jefe, el  Sub-Tte. Franco y el soldado Romero, ellos fueron testigos de esta acción, quizás usted mi Coronel hoy se entera de esto, jamás nadie dijo nada, pero por respeto lo lleve en silencio hasta hoy...



Gracias al Suboficial Don Antonio Barroso y al Soldado Don Javier Romero por hacernos parte de su historia vivida en Malvinas, para nosotros es un orgullo tenerlos como héroes de la patria en vida, para animar y alentar a todos nuestros camaradas policías, que a diario estan librando esta guerra interna contra la corrupción, el poder y la delincuencia... 

Los Saluda atentamente los Administradores del blog Bomberos San Rafael, el Oficial Adrián Camus y el Oficial Azor Raúl de la Policía de Mendoza-Argentina. Haciendo extensivo el saludo a nuestros compañeros de trabajo que son excombatientes, héroes que con su experiencia y humildad, forjaron nuestra carrera, simplemente compartiendo un mate, una charla o una mirada.-

https://www.facebook.com/bomberosvalledeuco

FOTOS COMPARTIDAS:






















Deja tu comentarios...!!!
Leer Nota »

Una campesina chilena en la RAF

Margot Duhalde tiene el logro de ser la primera mujer de Chile en convertirse en piloto de Guerra y una de las primeras de latino-américa, volando así en los fríos cielos de Europa durante la Segunda Guerra Mundial . 

 Nacida en la localidad de Río Bueno en el sur de Chile el 12 de Diciembre de 1920 en una familia netamente de campo, cuando tenía 16 años mintió sobre su edad (Y ocultó su ligero astigmatismo ocular) para ingresar al Club aéreo de Chile en donde realizó un curso de piloto civil el cual completó en 1938 poco antes de cumplir 18 años. 

En 1940 ya terminada la Batalla de Francia y la ocupación alemana de este país, Margot toma la decisión de unirse a las fuerzas de la Francia Libre del General de Gaulle radicada en Londres, para lo cual miente a sus padres diciéndoles que se iría a Canadá a trabajar como instructora. Con tan solo 20 años, 50 horas de vuelo en su expediente y una motivación inquebrantable se embarca a Londres desde Buenos Aires, sin embargo su estadía no fue fácil desde un principio. 





La barrera del idioma, el predominante machismo de la época y las diferencias culturales hicieron que terminara trabajando en un comienzo como enfermera y asistente de mecánicos en la Fuerza aérea Francesa sin poder volar. Para fortuna de ella, en Londres se encuentra con un piloto francés que había conocido en Chile, el que la ayuda a entrar en la RAF (Royal Air Force) como miembro de la división de "Transporte Auxiliar Aéreo " (ATA), junto con otras 600 mujeres de distintas nacionalidades. 

Teniente RAF Margot Duhalde
Al ser la única persona de este país fue apodada literalmente "Chile" por sus compañeros y su misión como "Piloto de transporte" era la de trasladar aviones a través de los múltiples aeródromos ingleses con el objetivo de protegerlos de posibles ataques de la Luftwaffe. Según ella cuenta, pilotó cerca de 1.500 veces aviones de todo tipo desde cazas de combate, bombarderos, aviones de transporte y de entrenamiento, sufriendo muchas veces las inclemencias del clima británico y teniendo múltiples accidentes de los que afortunadamente salió prácticamente ilesa. 

Hoy en día Margot Duhalde tiene 97 años y por sus logros recibió la insignia de veteranos del Gobierno británico, el título de Coronel de aviación honorario en la fuerza aérea de Chile y la Orden de la Legión de Honor de Fancia.

Leer Nota »

Hipólito Bouchard -Un Héroe ARGENTINO Olvidado-

Argentina, 28 de Abril de 2013
Nota R.J.A.

Hippolyte de Bouchard, conocido como Hipólito Bouchard o Hipólito Buchardo fue un militar y corsario francés con nacionalidad argentina que luchó al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata y del Perú; nació el 15 de enero de 1780 en Bormes, cerca de Saint Tropez (Francia). Desde muy pequeño se incorporó a la marina y en un barco francés llegó a Buenos Aires para quedarse en 1809, pocos meses antes del comienzo de la Revolución de Mayo.



Pronto comenzó a sentir una profunda simpatía por las ideas expresadas por el sector más radical de la Junta, liderado por Mariano Moreno, y puso sus conocimientos navales a disposición de la revolución. El gobierno lo nombró segundo comandante de la recientemente creada flota nacional.

Bouchard fue uno de los corsarios que cumplió un importante papel en las luchas por la independencia argentina. Se caracterizó por un duro carácter que lo llevó a protagonizar varios incidentes con su tripulación y a tomar feroces represalias contra quienes se insubordinaban.

El 2 de marzo de 1811, el Combate de San Nicolás de los Arroyos constituyó el bautismo de fuego de la nueva escuadra. Lamentable fue una derrota.

En marzo de 1812 se alistó en el Regimiento de Granaderos a Caballo, al mando de José de San Martín. Participó en el Combate de San Lorenzo, donde conquistó una de las banderas del enemigo. Dice San Martín en el parte de guerra: "una bandera que pongo en manos de V.E. y que arrancó con la vida del abanderado el oficial don Hipólito Bouchard" (…Avanza el enemigo a paso redoblado, al viento a desplegado su rojo pabellón... )

San Martín tomará nota de la actuación del temerario francés y lo tendrá muy en cuenta a la hora de recomendárselo al almirante Guillermo Brown para hostigar a los españoles en el Pacífico y preparar de esa manera el asalto final sobre Lima.

En premio a su valor, la Asamblea Constituyente le concedió la ciudadanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En 1813 contrajo matrimonio con Norberta Merlo, con quien formaría una familia.



En 1815, comenzó la campaña de guerra de corso dirigida por Brown, con la fragata "Hércules" y el bergantín "Santísima Trinidad" acompañado por la corbeta "Halcón" al mando de Bouchard.

Una de las campañas más prestigiosas de Bouchard fue la realizada bajo las órdenes de Guillermo Brown, en la que asolaría las costas del océano Pacífico, atacando El Callao y Guayaquil.

El 12 de septiembre de 1815 se le otorgó patente de corso para ponerse al mando de la corbeta Halcón, un barco de construcción francesa no muy sólido en su estructura. La corbeta había sido comprada al Estado argentino por el conocido armador Vicente Anastasio Echevarría. Los oficiales de la nave eran principalmente franceses, pero el Segundo Comandante, Robert Jones, era de origen inglés, y se contaba con la presencia de Ramón Freire.

Antes de zarpar se produjo un choque entre Bouchard y los oficiales, cuando el agente de la expedición, Severino Prudant, promovió el levantamiento de la plana mayor. Debido a la intervención de Echevarría, el conflicto no pasó a mayores.



La flota de la campaña estaba compuesta por la Hércules, al mando de Guillermo Brown; la Santísima Trinidad, al mando del hermano de Brown, Miguel; la corbeta Halcón, al mando de Bouchard y la goleta Constitución, al mando de Oliverio Russell. Las embarcaciones Hércules y Santísima Trinidad partieron desde Montevideo hacia el sur el 24 de octubre de 1815; las otras dos embarcaciones zarparían cinco días después. Las órdenes eran encontrarse en la Isla Mocha donde establecerían un acuerdo para las operaciones.

Los hermanos Brown arribaron a la isla el 28 de diciembre, mientras que la Halcón lo hizo un día más tarde. Al llegar, Bouchard manifestó su convicción de que la Constitución se había hundido. Comentó que al pasar el cabo de Hornos los azotó una tempestad durante catorce días. La nave comandada por Russell se encontraba cargada con cañones de grueso calibre y una importante carga, por lo que creía que no pudo resistirla. Ni la Constitución ni su tripulación volvieron a ser vistos.


Guillermo Brown fue el primer almirante irlandés nacionalizado argentino de la fuerza naval de la Argentina
En la isla, Brown y Bouchard acordaron, el 31 de diciembre de 1815, operar juntos durante los primeros cien días de 1816. También acordaron la forma en que iban a ser divididas las presas: debían ser divididas en cinco partes, de las cuales dos le correspondían a Brown por ser el comandante en jefe, una y media para la Santísima Trinidad y la misma proporción para la Halcón. De allí Bouchard y Miguel Brown partieron hacia las costas peruanas, mientras que la Hércules se dirigió al Archipiélago Juan Fernández para liberar a algunos patriotas que se encontraban presos allí.

El 10 de enero de 1816 volvieron a reunirse las tres embarcaciones, en las cercanías de El Callao. Los oficiales decidieron comenzar un bloqueo y, no conformes, bombardearon la población, la fortificación y llegaron a desembarcar en las playas.

El día 11 apresaron el bergantín San Pablo, que fue utilizado para alojar a los enfermos de escorbuto y a los prisioneros.

El 13 apresaron la fragata Gobernadora, donde encontraron al teniente coronel Vicente Banegas, oficial del Ejército Republicano de Nueva Granada, quien se sumó a la plana. El 18 de enero capturaron cuatro embarcaciones: la goleta Carmen, el bergantín Místico y dos naves más, una de las cuales fue saqueada y hundida.

El 21 volvieron a bombardear las fortalezas, y por la noche hundieron la fragata Fuente Hermosa.

El 28 de enero apresaron dos importantes presas, las fragatas Candelaria y Consecuencia. Al día siguiente decidieron partir hacia el norte, en busca de la boca del río Guayas.



El 7 de febrero arribaron a la isla Puná, en las cercanías de Guayaquil. Al llegar, Guillermo Brown les ordenó a Bouchard y a su hermano que permanecieran fondeados para proteger a las siete presas que habían tomado anteriormente. Brown se puso al mando de la Santísima Trinidad, con la que se disponía a atacar Guayaquil. Al día siguiente, tomó y demolió el fuerte de Punta de Piedras ubicado a cinco leguas de Guayaquil. Sin embargo, el día 9 de febrero fracasó al intentar tomar el castillo de San Carlos, siendo capturado por las fuerzas realistas. Tras una dura negociación, los otros corsarios argentinos lograron canjear a Brown por la fragata Candelaria, tres bergantines y cinco cajones de correspondencia que transportaba la fragata Consecuencia. Al retirarse, los corsarios se llevaron las fragatas Hércules y Consecuencia, la corbeta Halcón y la goleta Carmen. Debieron abandonar la Santísima Trinidad, ya que se encontraba en malas condiciones.

A los tres días, Bouchard le informó a Brown de que su nave hacía agua y que sus oficiales habían decidido regresar a Buenos Aires, por lo que solicitaba la liquidación del botín. En el reparto, Bouchard obtuvo la fragata Consecuencia y la goleta Carmen, pero tuvo que dejar la Halcón y contrajo una deuda de 3.475 pesos.



El marino francés decidió volver a Buenos Aires por el cabo de Hornos. Nuevamente existieron diferencias con su tripulación, que en ocasiones se solucionaban mediante la violencia. Debe remarcarse que en una ocasión se batió a duelo con un sargento mayor, lo que luego le produciría graves problemas legales. Estas diferencias aumentaron cuando un oficial de la nave Carmen le informó que la goleta hacía agua, a lo que el comandante contestó que igual debía pasar por el Cabo de Hornos porque no echaría la embarcación a pique. En ese momento los oficiales de la goleta, inducidos por la tripulación, decidieron desobedecer a Bouchard y cambiaron el rumbo hacia las islas Galápagos. La Consecuencia arribó a Buenos Aires el 18 de junio de 1816.

Pero la etapa más novelesca de la vida de Bouchard estaba por comenzar. Mitre la resumió de esta manera: "...Una campaña de dos años dando la vuelta al mundo en medio de continuos trabajos y peligros, una navegación de diez o doce mil millas por los más remotos mares de la tierra, en que se domina una sublevación, se sofoca un incendio a bordo, se impide el tráfico de esclavos en Madagascar, se derrota a piratas malayos en Macasar, se bloquea a Filipinas, anonadando su comercio y su marina de guerra, se domina parte de Oceanía imponiendo la ley, a sus más grandes reyes por la diplomacia o por la fuerza; en que se toma por asalto la capital de la Alta California, se derrama el espanto en las costas de México, se hace otro tanto en Centro América, se establecen bloqueos entre San Blas y Acapulco, se toma a viva fuerza el puerto de Realejo apresándose en este intervalo más de veinte piezas de artillería, rescatando un buque de guerra de la Nación y aprisionando o quemando como veinticinco buques enemigos…".



Para la nueva campaña que iba a realizarse, Bouchard decidió utilizar la fragata La Consecuencia, que había tomado durante su última campaña. Junto a su armador, Vicente Echevarría, decidieron cambiarle el nombre a la embarcación, optando por La Argentina. Pero armar este barco no era una tarea sencilla, ya que contaba con un importante tamaño: 464 toneladas de desplazamiento y 100 metros de quilla.

Echevarría adquirió 34 piezas de artillería, 18 cañones de a ocho y 16 carronadas de a doce, y contrató a carpinteros experimentados para que las emplazasen. Bouchard pidió, además, la colaboración del gobierno argentino, mediante la fianza de Juan José de Sarratea. El Estado aportó 4 cañones de bronce y 12 de hierro, 128 fusiles, 800 balas de cañón de a doce y 900 de a ocho. La embarcación contaba, además, con 3.000 balas de a veinticuatro, que al no poder ser utilizadas en combate servían, junto a 300 lingotes, de lastre. No fue posible conseguir ni pistolas ni sables de abordaje, que eran esenciales para los combates a corta distancia. Bouchard le pidió al gobierno que le entregara, al menos, 40 sables de caballería, pero el depósito ni siquiera contaba con esa cantidad.

Matías Irigoyen, ministro de Guerra y Marina, consiguió la entrega de seis quintales de plomo de las reservas del Estado, ya que no había podido encontrarlos en la ciudad. Por último, se instalaron dos hornallas a bordo, para calentar las balas encadenadas utilizadas para romper los mástiles e incendiar el velamen.

Tomás Espora
En lo que respecta a la tripulación, debían reclutarse 180 hombres. Esta tarea no era sencilla, ya que Bouchard se había ganado la fama de hombre duro. Los integrantes de la plana mayor fueron: el capitán Nathan Sommers; los primeros tenientes Guillermo Sheppard, Colverto Thompson, Daniel Oliver, Guillermo Mills, Miguel Burgués y Luis Greissac; el teniente de infantería José María Píriz; los cabos de presa Juan Arhens, Carlos Douglas y Martín Van Burgen; el cirujano Bernardo Copacabana; los pilotines Tomás Espora, Juan Agustín Merlo y Andrés Gómez.

Echevarría había solicitado al gobierno el uso del uniforme de la marina de guerra por parte de los oficiales de la campaña, tanto como motivación como para mejorar el orden y el respeto a bordo. Los marinos eran, en su mayoría, extranjeros, aunque algunos de ellos eran oriundos de las provincias de Corrientes, Entre Ríos y Buenos Aires. La infantería de desembarco era inexperta y, en la gran mayoría de los casos, pisaban por primera vez una cubierta.

El 9 de julio de 1817, zarpó la fragata La Argentina al mando del capitán Bouchard, desde la ensenada de Barragán para cumplir un crucero de corso, que habría de durar dos años.



Navegando por aguas del Atlántico Sur, llegó a Madagascar y frustró el embarco de esclavos que estaban a punto de concretar tres buques ingleses y uno francés.

La Argentina siguió navegando rumbo a las Filipinas para perjudicar el tráfico comercial de los buques españoles. Rechazaron el ataque de cinco buques piratas malayos.

En las islas Hawai, Bouchard se entrevistó con el rey Kamehameha y firmó un tratado haciéndole reconocer la Independencia Argentina, proclamada por el Congreso de Tucumán. El rey hawaiano gobernaba las islas hacía treinta años y los viajeros lo llamaban el Napoleón de la Polinesia. Había logrado formar una confederación de las islas hawaianas con capital en Karakakowa. 

Kamehameha le proveyó a Bouchard 100 marinos y le devolvió la goleta Chacabuco, capturada por sus hombres. La flota compuesta ahora por franceses argentinos y hawaianos, puso proa a California, y llegó a su capital, Monterrey, el 22 de julio de 1818. Tras duros combates, logró tomar el fuerte y hace flamear la bandera de Belgrano por seis días en California. Tras el ataque a Monterrey, las tropas de Bouchard arrasaron la misión de San Juan, Santa Bárbara y otros poblados españoles de alta y baja California.



El 25 de enero de 1819, bloqueó el puerto de San Blas y atacó Acapulco de México. En Guatemala destruyó Sonsonate y capturó bergantines españoles. En Nicaragua, tomó Realejo, el principal puerto español en los mares de Sur, y se apoderó de cuatro buques españoles (algunos historiadores han señalado que la bandera de las Provincias Unidas del Centro de América está inspirada en la bandera argentina que flameó en ese entonces en Centroamérica). Bajó hacia el Perú siguió hostigando las posiciones españolas sobre el Pacífico.

El 9 de julio de 1819 fondeó en el puerto de Valparaíso la corbeta Santa Rosa junto a la María Sofía, que en realidad se trataba de una nave de origen danés que contrabandeaba en Centroamérica. El 12 de ese mes arribó el Neptuno y un día después La Argentina. Al llegar Bouchard, se le informó que pendía sobre él una orden de arresto por decisión de Thomas Cochrane. El corsario respondió que el gobierno chileno no tenía autoridad para juzgarlo y que sólo respondería por sus actos ante las autoridades argentinas.



Tras resistirse al arresto, Cochrane ordenó que la fragata fuera tomada por la fuerza durante la noche. En ella sólo se encontraban Bouchard, Espora y unos pocos marineros, por lo que su toma no resultó una tarea difícil. Si bien la patente de corso había vencido antes de atacar El Realejo, el encarcelamiento se explica por la necesidad de recaudar fondos para la flota argentino-chilena que posteriormente libertaría Perú.12 Se le inició un juicio por piratería que comenzó el 20 de julio. A mediados de septiembre había partido la escuadra chilena para intentar tomar El Callao. En ese momento, los defensores del corsario decidieron acelerar el juicio y el tribunal resolvió el 9 de diciembre de 1819 la devolución de los buques, diarios y demás papeles a Bouchard. Sin embargo, el dinero y las mercancías nunca fueron devueltos.



Al llegar al puerto, vio con desazón el estado en que se encontraban las embarcaciones: los cañones, al igual que las velas, habían sido retirados para equipar otros barcos. Para obtener recursos, utilizó la goleta para transportar arcilla hacia Buenos Aires. Para que no existiera ningún problema de tipo legal, el armador Echevarría le pidió al Director Supremo José Rondeau que le extendiese cuatro patentes de corso por un término de ocho meses. Para inclinar la voluntad del Director a su favor, Echevarría le expresó que renombraría al lugre como General Rondeau.

Sin embargo, al no disponer de tiempo y medios suficientes para rearmar las embarcaciones, Bouchard decidió utilizarlas como transporte. Para que no se asociara el nombre de la fragata con tan pobre destino, le cambió el nombre de La Argentina a Consecuencia, nombre que tenía antes de tomarla. La Consecuencia fue utilizada para transportar 500 hombres, entre los que se encontraban varios granaderos, mientras que la Santa Rosa transportó ganado y armamento.



A pesar de que le había informado a Echevarría de que partiría hacia Buenos Aires, Bouchard decidió sumarse a la campaña de liberación del Perú. Utilizó sus dos embarcaciones como transporte y le escribió una carta a su armador pidiéndole que ayudara a su familia. Aquí comenzó la ruptura con éste, ya que Echevarría sentía perjudicados sus intereses debido al largo período de prisión que había sufrido el corsario y a los daños producidos en las naves. Por esta razón el armador decidió quedarse con los 25.000 pesos pagados por el transporte de arcilla.
 
En 1820 Bouchard se encontraba en Perú sirviendo a la marina chilena. En diciembre de ese año le solicitó a José de San Martín, quien había asumido el Protectorado del Perú, que le permitiera volver a la Argentina debido a su mala situación económica. Sin embargo, San Martín le exigió que se mantuviera en Lima por cinco meses más. Para agravar su situación, no se le pagó por dos presas capturadas en Pisco, cuyo valor ascendía a 95.000 pesos. En 1822 se encontraba en una situación no muy clara respecto a su pertenencia a la marina del Perú, y las noticias de que Echevarría no estaba ayudando a su familia en Buenos Aires produjeron la ruptura definitiva con éste.



Cuando lord Cochrane se apoderó de los caudales depositados en los buques de guerra bajo su mando para cobrar los haberes adeudados, San Martín decidió combatir fuego con fuego. Por ello dispuso la creación de la marina peruana, y puso a Bouchard al mando de la fragata Prueba, la más importante de la escuadra peruana. Cuando Cochrane retomó sus reclamos pecuniarios, Tomás Guido le pidió que se dirigiera a Chile y ordenó a Bouchard que se preparara a combatir en caso de que que el marino se dispusiera a atacar. Sin embargo, Cochrane no lo intentó, probablemente al notar lo bien armada que se encontraba la nave peruana.

Posteriormente continuó en aguas peruanas al mando de la Santa Rosa, ya que La Argentina había sido vendida como leña. (La travesía de La Argentina había durado dos años. Durante ese tiempo, Bouchard y su gente sostuvieron trece combates navales, capturaron o destruyeron veintiséis buques y decomisaron la carga de cuatro barcos negreros –y liberaron a sus prisioneros- y de dos naves inglesas y una de los Estados Unidos). Pero la Santa Rosa sería finalmente incendiada durante la sublevación de la fortaleza de El Callao en 1824. También participaría, en 1828, en la guerra contra la Gran Colombia. Tras la muerte del Almirante Martín Jorge Guise, quedó a cargo de la marina peruana, pero se retiraría un año después de que se incendiara la nave insignia, Presidente.

Tras el retiro, decidió hacerse cargo de la atención de las haciendas que le había adjudicado el gobierno peruano, San Javier y San José de la Nazca, donde funda un ingenio azucarero. Hacía tiempo que había perdido contacto con su familia, después de la expedición con Brown había convivido con su esposa sólo diez meses, y no llegó a conocer a su hija menor que nació después de que iniciara su expedición alrededor del mundo. Muere el 4 de enero de 1837.

Los restos de Bouchard permanecieron perdidos hasta 1962, cuando fueron encontrados en una cripta ubicada en una parroquia de la ciudad de Nazca, en Perú. El 6 de julio de ese año fueron exhumados y repatriados a Buenos Aires por una comisión formada por la Armada Argentina y la Armada de Perú. Hoy descansan en el panteón viejo de la armada argentina en el Cementerio de Chacarita.


Enlace:
http://www.elhistoriador.com.ar/biografias/b/bouchard.php
http://www.argentina.ar/temas/historia-y-efemerides/2974-hipolito-bouchard-el-corsario-argentino
http://www.ara.mil.ar/pag.asp?idItem=47
http://www.inb.gov.ar/otros/brown_bouchard.htm



Leer Nota »

El día que Argentina invadió California de Norte América…

24 de Marzo de 2013
Nota Varios y R.J.A.

Mucho es sabido por hispano-parlantes del proceso de independencia de América Latina, que abarcó desde la Península de California  hasta el Río de la Plata. Pero pocos es sabido el episodio que ocurrió en el lugar antes dicho, California. 

Ocurrió entre el 24 y el 29 de noviembre de 1818, cuando el capitán Hipólito Bouchard tomó la pequeña fortaleza de Monterey, entre las entonces jóvenes ciudades de San Francisco y Los Angeles, en lo que aún era territorio de la corona española, en guerra contra las Provincias Unidas del Río de la Plata. 

Para 1818 las costas de California fue sorprendida por una flota de bandera Argentina, compuesta por franceses, ingleses, malayos y hawaianos, comandada por Hipólito Bouchard, militar y corsario de origen francés, casi desconocido para todos, pero su sueño independentista se hizo notar en todo el mundo. Historia que desconocemos en nuestras aulas, pero ahora con detalle empezamos a narrarla... 


California "en manos argentinas"
Bouchard se reunió con sus oficiales para diseñar el plan de ataque. El oficial Corney ya había estado en dos oportunidades en San Carlos de Monterrey (capital de la Alta California, por aquellos tiempos colonia española), por lo que conocía la profundidad de la bahía. Se determinó utilizar para el ataque la corbeta Santa Rosa o Chacabuco, ya que el gran calado de la fragata La Argentina podía producir que esa embarcación encallase, y se concentró allí la tropa de desembarco. La fragata tuvo que echar al agua varios botes para que la remolcaran lejos del alcance de la artillería española. Una vez remolcada, Bouchard envió hacia la Santa Rosa al capitán Sheppard junto a 200 hombres armados con fusiles y lanzas.

La corbeta Santa Rosa, al mando del oficial Sheppard, ancló a las doce de la noche en las cercanías del fuerte. Debido al cansancio que sufrían los hombres, tras remolcar la fragata y remar hacia la corbeta, Sheppard decidió no atacar de noche. Con la primera luz del día descubrió que había anclado demasiado cerca de la costa, y que a pocos metros se encontraban la artillería española lista para atacarlos. El capitán decidió abrir fuego, pero tras quince minutos de combate la corbeta debió rendirse. Desde la fragata, Bouchard vio cómo sus hombres eran derrotados, pero también observó que los españoles no intentaron apoderarse de la Santa Rosa ya que carecían de embarcaciones. El corsario ordenó levar anclas y moverse en dirección al puerto. Sin embargo, debido al calado de la fragata, no podía acercarse lo suficiente como para abrir fuego. A las nueve de la noche comenzaron las tareas para trasladar a la fragata los sobrevivientes de la corbeta.

En la madrugada del 24 de noviembre, Bouchard ordenó a sus hombres que se pusieran al mando de los botes. En las embarcaciones, se encontraban 200 personas, 130 armados con fusiles y 70 con lanzas. Desembarcaron a una legua del fuerte, en una caleta oculta por las alturas. La resistencia del fuerte fue muy débil, y tras una hora de combate fue enarbolada la bandera argentina en el puerto

Durante seis días los argentinos tomaron la ciudad, en los que se apropiaron del ganado, quemaron el fuerte, el cuartel de los artilleros, la residencia del gobernador y las casas de los españoles junto a sus huertas y jardines. Sólo dejaron las iglesias y viviendas de los nativos que apoyaban la causa libertadora.

 Luego de dejar California, La Argentina recorrió toda la costa occidental de Centroamérica, bloqueando el puerto de San Blas y el de Acapulco en México, y el puerto "El Realejo" en Nicaragua. Dice Pigna "la imagen del crucero La Argentina se transformó en un símbolo de terror para las fuerzas españolas y de lucha contra la tiranía para los patriotas americanos. La casi totalidad de los países de Centroamérica que se irán constituyendo, diseñarán sus banderas basándose en la celeste y blanca creada por Belgrano y exhibida con orgullo a lo alto de las naves de Bouchard."

Luego...
Las hazañas de Bouchard en mares extraños, hizo que San Martín lo reclutara para la campaña hacia el Perú, bastión del poder realista en América. Bouchard se encargaría de hostigar a las naves españolas allanando el camino a San Martín para entrar en Perú.

Vale destacar que Bouchard, a pesar de estar ligado al gobierno argentino por la patente de corso que se le había concedido,  ayudaron a la causa independentista en toda América Latina, pero terminaría sus días como dueño del ingeniero azucarero "La Buena Suerte", cedido a él por el nuevo gobierno peruano, y asesinado el 4 de enero de 1937 por uno de sus peones

Huella en la región
Bouchard dejó una huella en la región, pero que aún se debate cuál. "En los Estados Unidos es considerado un corsario, pero en las zonas aledañas a Monterey es visto como un pirata, sin más. Depende de qué lado de la historia se quiera ver". 

De barba larga, sombrero y vestimenta de pirata de película para chicos es como se lo recuerda, por lo pronto, en el Festival de la Misión de San Juan Capistrano, donde a fines de octubre de cada año se recrea su saqueo de los depósitos de la orden y la borrachera de sus marineros con sus vinos y licores. 


Bouchard dejó, de todos modos, una marca en la historia. Además de varios monolitos y placas en distintos puntos de California, en un muelle de la ciudad de Santa Bárbara flamean las banderas de los países que alguna vez ocuparon California: España, Rusia, México, Estados Unidos... y la Argentina


"Yo fui el que izó esa Bandera Argentina", dice el presidente de la Asociación de Intérpretes de la Corte de California, Carlos Cerecedo. Nacido en El Bolsón y criado en Bariloche, vive en Santa Bárbara, puerto que Bouchard amenazó con volar en pedazos en 1818 si no liberaban a tres de sus hombres.


"Una persona que respetó reglas" 
Bouchard era una persona muy dura con sus tropas, casi brutal, pero que respetó ciertas reglas: "no tocó las misiones, ni las iglesias, y cumplió con su objetivo de hostigar a los españoles en cualquier parte del mundo", dice el historiador aficionado Peter Uhrowczik, quien tuvo el apoyo del presidente de la Academia Nacional de la Historia, Miguel Angel De Marco, y del historiador naval Pablo Arguindeguy para profundizar su investigación. 

El presidente de la Asociación de Intérpretes de la Corte de California, Carlos Cerecedo, también concluyó que Bouchard no era un pirata, ni mucho menos un forajido y decidió limpiar su nombre. "Traduje todos los documentos sobre Bouchard y las bitácoras de su viaje y me presenté en la Justicia con una moción a mediados de 1997 -recuerda-. Y logré que el presidente de la Corte de Santa Barbara [por el juez Thomas R. Adams] ordenara que a partir de entonces, en el condado de Santa Bárbara a Bouchard sólo se lo puede citar como corsario, no pirata." Francés, veterano de las guerras de Napoleón, Bouchard también peleó junto con San Martín en la batalla de San Lorenzo y con Guillermo Brown contra naves y fortalezas españolas sobre las costas de Chile, Perú y Ecuador. Ya ciudadano argentino, el 9 julio de 1817, en el primer aniversario de la independencia, se lanzó como corsario llevando consigo a otros dos marinos que dejarían surco propio: José María Piris y Tomás Espora. Con ellos circunvaló el mundo, con escalas en Madagascar, Filipinas y Hawai. 


Como argentino, me siento orgulloso de que hubo un hombre que supo desafiar a las tres mejores armadas del siglo -inglesa, francesa, española- en nombre de la independencia argentina y liberando la esclavitud en el Mundo. R.J.A.


Fuentes:
1- http://es.wikipedia.org/wiki/Hipólito_Bouchard
2- "Los mitos de la historia argentina 2" de Felipe Pigna. Cap. "Hipolito Bouchard, la argentinidad al palo mayor". Ed. Planeta. 14º edición: enero de 2007.
Leer Nota »