El bombero argentino que murió en las Torres Gemélas: Sergio Gabriel Villanueva

02 de Julio de 2012
Nota Bomberos Voluntarios de Rawson
SERGIO GABRIEL VILLANUEVA
Ningún bombero olvidará que estaba haciendo el 11 de septiembre de 2001 cuando se enteró de que dos aviones habían impactado en las Torres Gemelas, en pleno centro comercial de New York.

Es que ese día no fue uno más, ese día marcó la vida de todos.
Como bombero voluntario, al cumplirse hoy un nuevo aniversario de aquel día vuelvo a recordar al único bombero de nacionalidad argentina que falleció en cumplimiento de su deber.
Segio Gabriel Villanueva, oriundo de Bahía Blanca,  se hizo bombero en Estados Unidos y fallecio cuando había ingresado a una de las edificios para rescatar gente y fue sorprendido por el tragico derrumbe que se llevo la vida de casi 3000 personas.

Aquí reproduzco una nota del diario Clarín en su memoria y la de todos los bomberos que fallecieron víctimas del ataque terrorista.


SERGIO GABRIEL VILLANUEVA EL BOMBERO ARGENTINO QUE NUNCA REGRESÓ DE LAS GEMELAS


Tenía 34 años. Había sido un policía condecorado y detective en la división antinarcóticos. Pidió su pase al destacamento de bomberos y le tocó actuar el 11 de setiembre. Murió allí con toda su brigada.

Meses después de la muerte de su hijo mayor en el World Trade Center, a Delia Villanueva se le ocurrió pensar que el destino de Sergio Gabriel, pudo haber quedado sellado en el mismo momento en que vino al mundo. Había nacido un 4 de julio, el Día de la Independencia de los Estados Unidos, luego de dos días de fuertes dolores de parto. Pero, en 1968, cuando ella sostenía a su bebé en brazos por primera vez, estaba en una maternidad en pleno centro de Bahía Blanca, y a nadie se le ocurrió hacer asociaciones simbólicas.

Sin embargo, Estados Unidos no quedaría totalmente fuera del mapa familiar. Un año y ocho meses más tarde, ella aterrizaba con su hijo en Nueva York, adonde había partido un poco antes su marido, en busca de mejor fortuna. No sabía inglés ni tenía idea de cómo le iba ir.

Por esos días, en el extremo sur de Manhattan la actividad no paraba ni de noche ni de día. Allí, se estaban levantando dos torres gigantes: iban a ser las más altas del mundo.

Sergio creció entre sándwiches de miga y hamburguesas en Queens, uno de los cinco condados de Nueva York, donde hay muchos argentinos. Pronto vinieron sus hermanos, Maricel y Steven. A Sergio, en cada cumpleaños el cielo parecía sonreírle. Inexorablemente, el 4 de julio se festeja con fuegos artificiales. Durante toda su infancia creyó que eran exclusivamente para él.

La familia trabajaba en lo que viniera, hasta que pudo establecerse económicamente, cuando abrieron un restaurante en Bay Side, Queens. Junto a sus hermanos, Sergio soportaba las clases de los sábados en la Escuela Argentina de Nueva York y pasaba sus vacaciones en Monte Hermoso. Hablaba castellano con la "y" arrastrada, e inglés con ese acento tan nasal de Queens.

Amaba -tal vez por igual- sus dos identidades: la estadounidense y la del país donde había nacido. Nunca dejaba pasar una semana sin comer algo rico y evocativo en el restaurante "La Porteña". Cada partido de fútbol importante lo encontraba vestido con la camiseta celeste y blanca de la selección. Pero también le gustaba Barry Manilow, Frank Sinatra, el hip-hop, el jazz o la música que estuviera de moda. Era, en definitiva, un típico producto de Nueva York.

Sergio tenía 16 años cuando se cruzó en una disco con Tanya Bejasa, una chica de Flushing Meadows, al otro lado de su barrio; una belleza de ascendencia filipina y alemana.

Ambos tenían varios amigos en común y un destino por compartir, pero entonces no lo sabían.

Recién ocho años más tarde se volverían a encontrar en Miami, donde se enamoraron. Lo que se dice "amor a segunda vista". Por ese entonces, él ya había disfrutado de su soltería. Ella lo siguió a Nueva York.
En muy poco tiempo, habían empezado a manejar un código en común y la sintonía era tal, que ya casi ni necesitaban hablarse. Se miraban y sabían lo que cada uno estaba pensando. Se decían "te quiero" una y mil veces por día.
Para la época en que Tanya volvió a ingresar en su vida, Sergio ya vestía el traje de policía. El era un tipo de acción, y por eso, su destino ideal era el precinto 46, en el Bronx, donde lo enviaron apenas salió de la academia. No hay una comisaría que sea más activa en toda Nueva York, porque tal vez no hay sitio más decadente en toda la ciudad.

Primero, estuvo en el turno mañana y poco después en el de la noche, a esa hora en que las calles hierven de drogadictos y traficantes, ladrones y asesinos; mujeres golpeadas y sin destino. Pero en sus siete años y medio de actividad en la fuerza, nunca disparó -ni una sola vez- su pistola. Recibió medallas por su récord de arrestos y un ascenso al puesto de detective en la división antinarcóticos. La pesada de la pesada.

"Uno tenía que confiar en que él iba a saber cuidarse bien". Tanya recuerda así lo que pensaba durante la época en que Sergio era policía. "Si no, te volvías loca", explica. Sin embargo, Delia, la madre de Sergio, respiró aliviada cuando se le presentó la oportunidad de ocupar una vacante en la fuerza de bomberos. Eso de apagar incendios parecía mucho más seguro que andar todo el día entre criminales de la peor calaña.


Sergio dudó en aceptar el cambio porque le encantaba la policía, pero como bombero trabajaría solo dos turnos de veinticuatro horas por semana. El resto del tiempo se lo podía dedicar a "Inner Peace" (Paz Interior), el negocio de regalos que estaba a punto de abrir con su novia. Una pequeña empresa que les iba a dar la solidez económica necesaria para comenzar a pensar, definitivamente, en formar una familia. Soñaban con tener mellizos. Habían puesto fecha de casamiento: agosto del 2002.

Una cálida brisa de final de verano golpea las ventanas del amplio departamento de Sergio y Tanya en el barrio de Jackson Heights, en Queens. Por momentos, hasta puede parecer que su espíritu se enreda en las cortinas y llena todo el ambiente. Sin embargo, al mismo tiempo se siente también un inmenso vacío. Las fotografías de Sergio están por todos lados en la casa. Una etiqueta con su nombre sigue pegada todavía junto al timbre del portero eléctrico.

Sentada en un largo sillón oscuro, su novia reflexiona para Clarín sobre los motivos que lo llevaron a hacerse bombero. Pero ella cree -tal vez para no enloquecer-, que, de todas formas, el destino de Sergio hubiera sido el mismo de haber permanecido en la Policía.

El último mensaje que Tanya logró rescatar de su teléfono celular es del 6 de septiembre de 2001. Sergio tenía la voz muy ronca, porque había estado gritando como loco durante el partido Argentina-Brasil por las eliminatorias del Mundial. Era un apasionado del fútbol y además, él mismo jugaba muy bien.

Tal vez todavía estuviera algo ronco el 11 de setiembre, cuando llegó en medio del ulular enloquecido de sirenas al World Trade Center. Las Torres Gemelas estaban a punto de dejar de ser dos de los edificios más altos de todo el mundo. En menos de dos horas, se convertirían en toneladas y toneladas de escombros. A Sergio, nadie lo volvió a ver .

Sin ninguna tumba a donde ir a llorar, Delia no puede dejar de torturarse con una fantasía que, lo sabe bien, es un imposible. Desde ese día se imagina que ella podría haber estado en el medio del World Trade Center para proteger a Sergio con su propio cuerpo. Por un momento, hubiera querido ser su escudo, su capa; haber podido encapsularlo de la muerte con su amor de mamá.
Delia sabe que es sólo un sueño. "Pero él era un hombre, no me hubiera dejado", dice más tarde. Su pañuelo se hace chiquito con la humedad de las lágrimas.

Marina Aizen. NUEVA YORK. CORRESPONSAL.
Nota publicada en el Diario Clarin el 11 de septiembre del 2002.

Enlace:
http://bomberosvoluntariosderawson.espacioblog.com/post/2010/09/11/el-bombero-argentino-murio-las-torres-gemelas-sergio

5 comentarios :

  1. disculpas, jamas pensé o me entere, de que un argentino y bombero, en estados unidos, hubiese quedado en las torres gemelas, elevo una plegaria en su nombre, acompaño a su madre y familiares en su perdida, a partir de hoy lo voy a tener presente siempre y lo recordare como se lo merece, un gran servidor, como a todos aquellos camaradas que dejaron sus vidas aquel 11 de setiembre.

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  2. Sandro disculpa que no te conteste, las notas le hago enlace en el facebook de bomberos y allí contesto mas rápido, igual yo me sorprendí cuando vi la nota y esta noticia merecía un lugar en mi blog... Igualmente gracias Sandro por estar atento a las noticias y bien por saber usar este medio que son pocos lo que se animan a preguntar... Of. Azor

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  3. Sandro cualquier cosa suscribite como miembro del blog, va a ser un honor para mi que alguien opine dentro de tu rubro... Gracias... Of. Azor...

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  4. hola of, como estas, ya ya suscribi en el blog, como es tu nombre, gracias, sandro.

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  5. Sandro mi nombre es Raul... cualquier cosa pasate al chat del facebook de bomberos, aunque te figure desconectado dejame el mensaje... Gracias Sandro...

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